28 de Junio de 1995
El Sporting se enfrenta al Lleida en el partido de promocion a 1ª Division.
El resultado en tierras catalanas fue de 2-2, asi que una victoria, un empate a ceros o a unos mantendria al Sporting una temporada mas en Primera Division.

Era la primera vez en mi vida que iba a Gijon a ver el Sporting, nunca antes lo habia visto en el estadio de El Molinon, pero mi padre consiguio dos entradas para ir a ver el que era el partido mas importante del equipo de toda la temporada.
Recuerdo que alguna vez habia visto el Molinon por fuera, pero nunca con gente alrededor, ver aquella marabunta cuando baje del coche me impresiono, Dios mio, cuanta gente.
Entramos por la puerta correspondiente y crei vislumbrar al fondo un trocito del campo, asi que una emocion me invade, esta vez no lo vere por la TV, no señor, esta vez estare aqui viviendolo.
Subimos las escaleras y cuando accedemos a la grada me quedo sin palabras, el estadio esta lleno, no cabe un alma, ademas todavia no estaba la normativa de que la gente debia estar sentada, por lo que todo el mundo esta de pie y aquello da una mayor sensacion de llenazo.
A base de empujones nos colocamos en un buen sitio para ver el partido, estamos en medio de una de las gradas laterales, cerca del fondo Sur, donde un grupo de gente no cesa de cantar, yo pienso para mis adentros si con el ritmo de canticos que se traen no estaran roncos cuando finalice el primer tiempo.
De repente desde algun altavoz que no escucho muy bien, alguien comienza a dar la alineacion:
Ramon ¡EH!
Tino ¡EH!
Pablo ¡EH!
Muñiz ¡EH!
Raul ¡EH!
Avelino ¡EH!
Bouzas ¡EH!
Hugo Perez ¡EH!
Lediakhov ¡EH!
Sabou ¡EH!
Pier ¡EH!
Nunca en mi vida oi a tanta gente gritar al oir un nombre, la cosa acojona, pero me dejo invadir por la emocion.
Saltan todos al campo, la gente aplaude, grita, hace de todo, el estadio vibra bajo mis pies, jamas habia sentido una sensacion semejante.

Lopez Nieto pita y comienza todo, los de rojiblanco comienza a moverse por el campo, la gente a gritar, encender cigarros, sacar las pipas, alguien empieza a gritar Igor, Igor, ¡Igor Lediakhov! y la gente se une al cantico. Pienso que sentira el ruso al oir su nombre coreado por miles de personas.
El primer tiempo es intenso, quizas no sea un fubtol brillante, pero basta que un jugador del Sporting agarre el balon en el medio campo para que la gente ya se ponga como si fuese una ocasion de gol clara.
Con los huevos por corbata y la emocion a flor de piel termina el primer tiempo. La gente se sienta, charla sobre como va todo, algunos van a por bebida, pero yo estoy tan emocionado en medio de ese gentio que el tiempo del descanso me dura un suspiro, cuando quiero darme cuenta, ya estan los jugadores volviendo al campo.
Asi que una vez lo decide el arbitro, empieza el segundo tiempo, solo 45 minutos separan al Sporting de seguir un año mas en la elite, pero un gol, aunque fuese un churro, bastaba para joderlo todo.
El segundo tiempo va pasando, la gente sigue gritando, cantando, haciendo aspvientos y acordandose de la madre del arbitro de cuando en cuando, pero en el minuto 52 el ruso cuyo nombre gritaban en el primer tiempo, marca gol.
¡Dios! La palabra gol tuvo que oirse perfectamente en Santander, 38.000 personas la gritaron a la vez mientras saltaban y se abrazaban, el estadio cobra vida y vibra, por un segundo tengo la impresion de que se va a hundir, mi padre grita y sonrie, ya podia ponerse asi cuando le entregaba las notas.
No acababan de pasar 4 minutos ni yo de recuperar mi capacidad auditiva (tanto grito me dejo medio sordo), cuando David empataba el partido. No escuche maldecir a tanta gente a la vez en mi vida. Recuerdo un tipo que llamaba "panceta" a un jugador del Lleida, Dios sabra porque.

Todavia seguia la gente acordandose de la familia de David, cuando en estas va Sabou y marca en el 64, otra vez gritos de gol, el estadio cobra vida una vez mas y yo vuelvo a pensar si de verdad el estadio aguantara otra vez mas a 38.000 personas pegando un bote al unisono.
En el 76 marca Pier, 3-1, la grada vuelve a festejarlo pero ya no con tansimima intensidad, yo compruebo que si, que el Molinon resiste bien el bote y me uno al griterio, muchos ponen la cara que pondria alguien que logra mear despues de 12 horas aguantando.
Todos el mundo se las prometia felices, un año mas en primera, la gente ya no tenia pinta de estar al borde del infarto, se respiraba cierta tranquilidad.
Ya ibamos por el minuto 85, yo estaba girado hablando con mi padre cuando escuche el tipico chillido ("iiihhhh") de mujer que se escucha en todos los estadios cuando al que juega en casa le clavan un gol. Salillas habia marcado, hay que joderse, a 5 del final.
En ese momento todo el mundo se puso como cuando la Guardia Civil te da el alto, acojonados, era el 3-2, un gol del Lleida bastaba para enviarnos a 2ª, nunca me senti tan angustiado en un partido de futbol. De repente la gente empezo a levantarse y hacer aspavientos acordandose de los muertos de Lopez Nieto, yo no veia nada desde donde estaba en ese momento, pero alguien grito "¡Roja a Pier, me cago en la puta!". No necesitaba mas para saber que habia pasado.
Fantastico, un puñado de minutos para el final, el Sporting con diez, el Lleida que no tenia nada que perder y mi padre al borde del infarto.
Nunca, nunca jamas viendo un partido se me hicieron tan largos unos minutos, parecian meses. Hubo un corner que boto el Lleida en el que falto el canto de un duro para que entrase, recuerdo que note como el corazon se me detuvo como esperando tambien a ver que pasaba.
Pero cuando mas de uno estaba a punto de ponerse a llorar para que aquello se terminase, el arbitro pito. No creo que en Gijon se celebrase tantisimo el hecho de que un arbitro pitase algo como aquel dia. Todos empezaron a abrazarse, sonreir, gritar, saltar al cesped...fue increible.

Veinticinco minutos despues yo estaba sentado en el coche con mi padre intentando poder salir de alli, mientras yo pensaba que a pesar de que volveria al Molinon y veria muchos mas partidos, nunca en la vida olvidaria aquella vez que fui a ver al Sporting por primera vez.
Fotos de aquel dia...




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